King and Court

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 ¿A esto le llaman frio? ¡Venga ya! {Anastasia Romanovna}

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Ekaterina Ivanovna
Damas de la Reina
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MensajeTema: ¿A esto le llaman frio? ¡Venga ya! {Anastasia Romanovna}   Dom Oct 31, 2010 11:34 pm

Si los viajes por regla general eran largos y cansados mejor no hablar de los dias que los predecian y los que los sucedian. No es que fuera agotador, simplemente, se respiraba prisa, estres y nerviosimos general en el ambiente y al final se le terminaba pegando a cualquiera. Acababamos de llegar, bueno, realmente, llegamos ayer pero nuestra llegada oficial no seria hecha hasta esta noche. Pero hasta entonces habia bastantes cosas que hacer, al menos para la inmensa mayoria y por suerte yo, me excluia de esa inmensa mayoria. Tareas tenia, pero mucho mas pequeñas comodas y faciles de llevar.

Me habia dado tiempo a hecharle un vistazo al rededor, y el camino en carruaje hasta aqui habia sido largo y me habia dado la oportunidad de hacerme una idea del paisaje ingles. Era plano y muy verde, de un verde intento que incluso llegaba a hacer daño a la viste. Fuerte y vivrante, me gustaba. Otra cosa que cabia resaltar era el clima, habian dicho que el clima era muy duro y extremo, sobre todo en invierno ya que el frio llegaba a ser helador. Pero realmente, no llegaba ni siquiera a esa descripcion. Habia nevado recientemente y se notaba en la temperatura, ya que era mucho mas calida. Pobres de ellos, no aguantarian ni dos dias en Rusia, se notaba el cambio. Tenia incluso calor con el vestido que llevaba, era de invierno ya que la tela era mas gorda y gruesa pero aun asi era uno entre los mas finos.

Estaba ya en los que serian los aposentos de mi reina, ella todavia no habia llegado. Eso hacia que me tranqulizase ya que seguramente si entrase ahora no le gustaria en absoluto el panorama con que se encontraria. Habia habido un pequeño problema a la hora de traer el equipaje ya que se habian confundido y eso nos habia hecho perder tiempo, mucho tiempo. Cogi otro vestido y con cuidado lo colgue junto a los otros, ese en especial me gustaba. Tenia algo especial, por no quitar el suave terciopelo del que estaba hecho. Tras colgarlo no pude evitar mirarlo unos instantes mas, admirandolo. Miserablemente era bastante abrigado y probablemente no tendira oportunidad para ponerselo a no ser que deseara morirse de calor.
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Anastasia Romanovna
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MensajeTema: Re: ¿A esto le llaman frio? ¡Venga ya! {Anastasia Romanovna}   Lun Nov 01, 2010 12:26 am

Los inmensos campos ingleses se extendían por ambos lados de su carruaje. A su lado, su esposo y padre de su único hijo, disfrutaba del paisaje con expectante emoción. Su rostro se mostraba severo, cargado de una impecable impasibilidad que lograba estremecer todos y cada uno de los sentidos de la Zarina de Rusia encontrada a su lado. Bien era cierto que la confianza depositada en su marido aportaba en ella una seguridad plena ante los crueles actos que éste podía ejecutar, pero la duda de sentirse en su punto de mira, siempre sometida a una protección insufrible, la vacilaban con el temor y el miedo. En efecto. Anastasia amaba por encima de todas las cosas a su esposo -y todo mundo en Rusia sabía que la mujer desvivía por él-, pero sus terribles acciones conseguían debilitarla y acunarla en mares de confusión. ¿Realmente Iván disfrutaba con el sufrimiento ajeno?, o, por el contrario, ¿simplemente realizaba su cometido como gobernante?, Anastasia prefería pensar que la segunda opción era la correcta. Al menos ésta última sería la que le dejase dormir por las noches.

La dulce y encandiladora sonrisa de la Zarina inundó todo el carruaje en el que se encontraba situada. Iván se encontraba demasiado absorto con el disfrute de las vistas inglesas, pues si no, se sabía por su parte que otra cómplice sonrisa sería dedicada a su esposa. Anastasia casi lo prefería, que no se diese cuenta. Que se mantuviese distraído para evitar que su cabeza comenzase a funcionar.
Todo el mundo, refiriéndome a los grandes nobles y gente de clase alta y refinada, sabía que Iván de Rusia era un hombre consumido por la rabia y la cólera. Toda persona existente en el mundo sabía de sus macabras intenciones y también de su continua rivalidad con los demás jefes de los otros países. Iván firmaba tratados y tratados, pero al igual que los firmaba, era capaz de destruírlos el mismo día de haberlos pactado. Le gustaba mantener todo bajo control y mando y eso era algo que realmente a Anastasia le ponía enferma. Se lo callaba, obviamente, pues ella no era nadie más que su mujer para aconsejarle lo que debía hacer. No. Ella no se metía en asuntos de Estado ni politiqueo, pues tampoco le gustaban. ¿Indirectas en alguna ocasión?, sí, posiblemente. Pero nunca palabrería barata directa. Jamás. Ella no deseaba ser ejecutada. No le apetecía desaparecer del lado de su marido. Sabía que él la amaba, más que a ninguna, que estaba loco por cada uno de los poros de su piel; pero al igual que sus dos manos ensangrentadas habían arrebatado la vida de uno de sus hijos, podían arrebatar la de la mujer también.

Las horas pasaron, al igual que el tiempo que Anastasia debía consumir dentro de aquel carruaje. Finalmente, el vehículo se detuvo frente a un enorme palacio decorado con impresionantes jardínes que daban el gusto de ser bien admirados. No, era cierto, no podían ser comparados con los hermosos recortes y formas que presentaban los del palacio de Peterhof, su hogar, pero le agradaban. Y eso se demostraba en la ligera y tenue sonrisa que la mujer rusa sonsacaba mientras su cuerpo se encargaba de escapar del interior del "auto". Una vez fuera y tras dedicarle una dulce mirada a su marido, el cual simplemente asintió con su cabeza como signo de amabilidad, la mujer fue llevada al interior del Palacio.
Iván desapareció de su vista, posiblemente debido a las fieras ganas que sentía por encontrarse con el novato Rey inglés, y eso provocó que la Zarina se encontrase hundida en un bucle sin salida. ¿Qué podía hacer?, claramente visitar su habitación privada y reencontrase con sus damas. ¿Sinceramente?, echaba de menos a una. Acostumbrada a hablar y hablar con Ekaterina, el viaje se le había hecho demasiado cansado debido al poco contacto que había tenido con ella en aquellos días de inaguantable sufrimiento sobre ruedas de madera.

Finalmente, la puerta hacia las estancias privadas se abrió de par en par y, por ella, la rubia mujer apareció con su flamante y natural elegancia. Unos movimientos altivos y cortantes, dignos de toda Zarina de Rusia y, por supuesto, de la esposa de Iván IV. Aquel que no aceptaba las imperfecciones.
El cuerpo de la mujer se detuvo en medio de la enorme estancia y, tras observarla detenidamente con aquellos dos luceros que no dejaban de circular de un lado para otro, éstos decidieron detenerse en los de su primera dama. Aquella jovencita, hija bastarda de Iván, a la que tanto quería y apreciaba. Como si de una hija suya se tratara, practicamente.
- Ekaterina, querida, ¿qué os parece Inglaterra? -preguntó la mujer con total tranquilidad y calma. Con aquel tono de voz que tan solo ella sabía manejar en todas las ocasiones. Sin importar cuáles.
Sabía que su Dama le daría una respuesta convincente, de esas que dejaban el alma de una en total relajación. Ekaterina presentaba ese don. Al menos funcionaba sobre Anastasia.
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Ekaterina Ivanovna
Damas de la Reina
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MensajeTema: Re: ¿A esto le llaman frio? ¡Venga ya! {Anastasia Romanovna}   Lun Nov 01, 2010 12:55 am

El oir unos pasos causo que me girase e hiciera una reverencia casi automaticamente, no hacia falta mirar para saber quien era. Un "Majestad" salio automaticamente de mis labios en mi querida lengua materna. Tenia suficientes razones como para respetar y admirar a aquella mujer, no solo porque era mi reina y eso ya era suficiente como para respetarla. Gracias a ella seguia donde estaba, sino hubiera sido asi, seguramente estuviera metida en un convento o peor y aun mas probablemente, muerta. Aparte de que podria denominarla como la que me salvo la vida de un modo u otro, consiguio reemplazar el lugar indispensable en la vida de una niña pequeña que me habian arrebatado. El de una madre, un modelo a seguir y un hombro sobre el que llorar.

Levante la mirada y la observe por unos instantes. Una mirada llena de respecto. Todo el mundo sabia la admiracion que sentia por ella y mas de una ocasion habia sido causa de burlas, llegando a llamarme perrito faldero pero me daba igual. Tenia bien claro quienes tenian mi respeto y admiracion, y no eran por razones tontas y de pura influencia social como muchos creian. No iba admirando a cualquiera por muy rey que fuera.

-Pues la verdad, me parece un lugar agradable. Sin lugar a dudas lo que mas me llama la atencion es lo verde que esta todo.-con eso ultimo esboce una sonrisa.-Y que no es tan frio ni helador como decian que lo era, Majestad.

Me mordi el labio inferior, no sabia porque lo hice, era otro de mis numerosos pequeños ticks que habia ido cogiendo a lo largo de los años. La habia hechado de menos, habia estado casi tres semanas sin apenas dirigirle palabra y no porque necesitase hablar con ella por el mero hecho de ser ella. Sino por la costumbre de hablar con ella practicamente todos los dias. Se podia decir, tambien, que en su compañia era cuando realmente me sentia bien con quien era, no recibia ninguna mirada de reproche por su parte como lo hacian numerosos miembros de la corte incluido el Zar. Todavia me costaba asimilar que el era mi padre, mientras que mi cabeza seguia intentando convencerme de lo contrario. Seguia intentando aferrarme a la mentira piedadosa contada por mi madre cuando era pequeña, pero era inutil. La realidad era la realidad y era realmente lo que existia. Sino, no se llamaria realidad sino quimera.
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Anastasia Romanovna
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MensajeTema: Re: ¿A esto le llaman frio? ¡Venga ya! {Anastasia Romanovna}   Lun Nov 01, 2010 3:04 pm

Ciertas. Las palabras de Ekaterina eran, simplemente, ciertas. Por más que mirabas alrededor de todas las tierras inglesas, el verde ejercía una presión sobre los demás colores realmente desconcertante. El cielo, en cambio, se encontraba oscuro. Señal de que una fuerte tormenta de agua iba a recaer sobre el suelo inglés. De igual modo, a Anastasia no le importaba. Sabía que durante la visita al Reino inglés la mayor parte del tiempo la tendría que pasar encerrada entre aquellas cuatro paredes que formaban la estancia. Solamente acompañada de las que eran sus damas y compañeras, las únicas que realmente lograban entretenerla cuando Ivan se encontraba alejado de ella. Demasiado ocupado con otros asuntos que los de mantener viva la pasión matrimonial.

El silencio se hizo presente en la habitación. Anastasia sabía que Ekaterina seguía manteniendo sus dos hermosos luceros puestos en ella, pero la Zarina se encontraba demasiado ocupada observando el exterior inglés por su ventana como para centrarse en el rostro de la joven dama. Tendía a evadirse, a escapar de todo lo que la oprimía y le causaba agonía. Era tan solo en esos momentos "tan suyos" en los que recuerdos de su pasado bailaban por su mente y la obligaban a re-memorizar una vida cargada de felicidad y buenos momentos. Ajá, en efecto. Echaba de menos tales días. Pero, ¿qué persona no echaba de menos su infancia?, de seguro alguna que no la hubiese tenido resplandeciente como ella.

El rostro de Anastasia volvió a tomar un gesto vivo, señal de que poco a poco la rubia Zarina estaba volviendo a la realidad. Su realidad. Sus pesados párpados pestañearon un par de veces y su boca se medio abrió para poder contestar a la muchacha rubia que en su frente aún se encontraba quieta. Completamente impasible y esperando a las órdenes de su Majestad. Ella.
- Mis disculpas, Ekaterina, no os estaba escuchando -confesó la mujer en un ligero tono de vergüenza escondida. Como Zarina y como gobernante de todo pueblo ruso, la esposa de Ivan no podía evitar avergonzarse por actos tales como ese. ¿Dejar de escuchar a sus súbditos así porque sí?, sin lugar a dudas era una falta de muy mala educación. Una falta grave. Al menos para ella quién se tomaba las buenas conductas como oro en paño.

La cabeza de Anastasia asintió delicadamente, un suave movimiento cortés y delicado que daba a entender lo calmada y siempre tranquila que la Zarina se encontraba. Daba igual la situación. Absolutamente igual.
Las palabras de su amiga y primera dama volvieron a golpearle de nuevo la mente, recobrando el sentido a la conversación que habían empezado. Rusia no era comparada con Inglaterra, eso era evidente. Rusia era mucho mejor, quizás porque desde pequeña le habían enseñado plenamente a amar su Reino.
- Mejor para nosotras, ¿no lo creéis?, será como encontrarnos en verano -se intentó burlar la mujer a la misma que se acercaba a la joven muchacha y acariciaba su pelo con suavidad. En aquella ocasión, como en muchas otras, Ekaterina mostraba un pelo limpio y suave. Una maravilla, podía decirse.

Cada vez que observaba sus ojos, cada vez que los analizaba, el rostro de Ivan aparecía en su mente. Le había costado creer que aquella muchacha era hija de su propio marido, pero finalmente había agradecido que el destino las hubiese unido así. Aquella muchacha, simplemente, le encantaba. Se trataba de una de sus mayores debilidades.
- Decidme, ¿habéis terminado de arreglar la habitación? -preguntó la mujer, esta vez algo más seria, a la misma que miraba a sus alrededores en un intento de localizar todas sus pertenencias. Al parecer, y con suerte, estaban todas.
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Ekaterina Ivanovna
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MensajeTema: Re: ¿A esto le llaman frio? ¡Venga ya! {Anastasia Romanovna}   Lun Nov 01, 2010 3:59 pm

Me quede callada esperando respuesta. Sabia que no era el momento adecuado para ponerse a parlotear. En esta vida todo tenia su momento y su razon de ser. Habia momentos en los que habia que guardar silencio y otros en cambio se podia hablar hasta cansarse de ello. Note como la Zarina giro levementa la cabeza y observaba el paisaje que se veia a traves de la ventana. Realmente hermoso, hice un tanto de lo mismo con la mirada. Era hipnotizante ver ese verde ahi, daba miedo apartar la mirada por si cuando volvias a mirar ya no se encontraba ahi. A pesar de estar cubierto gran parte de la extension del cesped por la nieve se seguia apreciando aquel verdor que sin lugar a dudas era lo que en mi opinion le daban a Inglaterra ese toque especial.

Volvi a observarla momentaneamente, todas las aqui presentes sabiamos que no era del pleno agrado de su Majestad el estar aqui, ya que apenas saldriamos al exterior, al menos tecnicamente, y estas cuatro paredes serian lo que mas veriamos en las proximas semanas o incluso meses. Personalmente no me desagradaba ya que preferia mas bien un modo de vida mas tranquilo y menos ajetreado pero sabia que a la Zarina si le gustaria tener la posibilidad "oficial" de salir, bien no le agradaba intervenir en politica pero habia muchas mas cosas que hacer que eso.

Asenti con la cabeza cuando volvio a mirarme. Al igual que ella en ocasiones tambien dejaba que mi mente divagase y resultaba comlicado manetner los pies sobre la tierra y aun mas si se pedia que se tuviera durante todos los instantes del dia la cabeza bien asentada. Me gustaba soñar, pero solia hacerlo mas bien cuando estaba sola. Me gustaba sentarme en un rincon cerca del fuego acurrucada sobre mi misma apoyando la cabeza en algun lugar mullido y simplemente pensar mirandola parpadear las llamas. Eran momentos para mi, me ayudaban a organizar mis pensamientos o simplemente pensar en algo mas. Tener otra oportunidad de sumergirme en el mundo del que era totalmente dueña y manipularlo a mi antojo, como quisiera en aquel instante.

No estabamos solas en la estancia, cuando la Zarina salia de Rusia casi todo su sequito iba con ella. Primordialmente formado por damas, la mayor parte de ellas elegidas por ella misma o asignadas por el Zar, una manera de cercionarse de que pertenecian a alguna alta cuna. Generalmente no me llevaba ni bien ni mal con el resto, pero si era un poco reservada. No era miedo simpelemtne precaucioin a algo que no podia concretar que era exactamente.

-Viendolo de ese modo, este año tendremos dos veranos en vez de uno unicamente. Eso suena realmente prometedor.-sonrei divertida, juntando ambas manos. Podia considerarse un gesto algo infantil llevado por la emocion que ciertas cosas insignificantes causaban en un isntante concreto.Le dirigi una mirada de agradecimiento ante su caricia. Me lo tomaba como una muestra efecto, un afecto del que en ocasiones andaba bastante necesitada-Aun asi, lo unico que podria objetar de todo esto, Majestad, es que no podra llevar el vestido de terciopelo, ya que resultaria demasiado abrigado para la temperatura ambiente
Si, sentia debilidad por ese vestido en especial y no sabia exactamente porque. Me gustaba mucho mas que el resto. Suponia que era un pequeño encaprichamiento por decirlo de algun modo por algo que alguna vez vemos y nos gusta especialmente. No cabia decir que la mayor parte de la gente cuando veia a la Zarina con dicho vestido no dejaba de declarar lo que le favorecia.

Mire a mi alrededor observando el estado general de los aposentos. Se podria decir en terminos generales que ya estaba todo mas o menos colocado, pero ese mas o menos no era realmente el resultado que se esperaba. Aunque lo que faltaba no era mas que miseros detalles.
-Se podria decir que practicamente esta pero sino me equivoco todavia faltan un par de cosas por colocar y ordenar. Pero nada que impida vuestra comodiad, Majestad
Mire de nuevo a ambos lados. La estancia era acogedora y estaba ricamente decoraba. Digna de alguien como la Zarina de todas las Rusias pero aun asi, seguia prefiriendo las estancias de S. Petersburgo.
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Anastasia Romanovna
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MensajeTema: Re: ¿A esto le llaman frio? ¡Venga ya! {Anastasia Romanovna}   Mar Nov 02, 2010 6:52 pm

Dos veranos en vez de uno. ¿Realmente lo deseaba?, ella amaba el invierno. Sus blancas carnes disfrutaban del contacto con el dulce frío que provocaban las fuertes ventiscas en Rusia. Adoraba, más que nadie, el alzarse con su blanquecino blusón blanco por las mañanas y disfrutar de las vistas nevadas que su habitación en el Palacio de Peterhof le consentían. No habían pasado ni dos semanas y ya echaba de menos los flamantes desayunos preparados en las mañanas en compañía de su marido. Un marido que, cuando se encontraba en casa, era el hombre perfecto. La idealización que Anastasia tenía como matrimonio. Hombre y mujer. Sonrientes, coquetos, cargados de una repleta tensión sexual que a la noche se resolvería. La joven Zarina deseaba regresar a tales días, momentos en los que Ivan tan solo pensaba en su felicidad plena y no en las cuestiones políticas y de estado. Ocupaciones de un gobernante que, para ella, eran de menor interés. No, con esto no quiero decir que Anastasia no se preocupase por su país, nada de eso. Ella sería la primera en jugarse su cabeza por su pueblo, pero entendía que un pueblo no solo se regía por el poder del soberano en él. ¿Ingenua?, sí, en efecto. Y era por ello que su marido no le consentían adentrarse en aquel mundo de hombres. Mundo donde una mujer no podía acatar el puesto pues gobernar de corazón era la ruina. Así pensaban. Así eran las cosas en sus tiempos.

La voz de su primera dama la sonsacó de nuevo de sus pensamientos. Ya era habitual que su séquito fuese su pequeño despertador a la hora de volver su mente a la realidad. Lo agradecía. Ella, desde bien pequeña, había mostrado dotes de ser una muchacha más bien despistada. Que no tonta, tan solo bastante soñadora. Bien era cierto que su matrimonio con Ivan habían hecho de ella una mujer serena y poco frágil; algunos en su Reino incluso decían que un tanto frívola. ¿Qué Reina no se comportaba de la misma manera que Anastasia?, ¡sus maridos las obligaban a tomar las riendas con aquella actitud!, una mujer, una gobernante, no podía más que mostrar seriedad. Debía dar una imagen perfecta a su pueblo, una imagen de celebridad. No, no era su culpa. Su puesto le hacía comportarse así.

Sin más, una pequeña sonrisa se escapó de entre sus labios. Ekaterina. Aquella joven conseguía sonsacar las artes más dulces de la soberana. Y es que, en el fondo, le recordaba tanto a ella. Tanto a su juventud.
Una nueva sonrisa se acomodó en sus labios y finalmente ligeros movimientos la fueron acercando hacia el vestido que la mujer tanto admiraba. ¿Por qué decía tales cosas?, era su primera dama y, por tanto, le dajaba ponerse todo lo que ella desease. ¿Acaso los siervos no podían disfrutar?, claro que sí. Al menos los suyos.

- Si tanto os gusta... ¿por qué no os lo probáis, Ekaterina? -preguntó la mujer a la misma que lo agarraba, con sumo mimo, y se lo tendía delicadamente hacia la mujer. Confiaba en ella. Más que en su propia sombra y sabía más que nadie que aquel pequeño "detalle" de darle a ver cómo le quedaba el vestido le haría feliz. ¿Acaso las personas no habíamos acabado en el mundo para el confort de las otras?, mucha gente contestaría que no. Pero Anastasia era demasiado samaritana en ese aspecto.
- Probároslo, deseo veros con él -aclaró la rubia mujer con cierto tono de autoridad. En efecto, no consentiría un "NO" por respuesta.
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Ekaterina Ivanovna
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MensajeTema: Re: ¿A esto le llaman frio? ¡Venga ya! {Anastasia Romanovna}   Mar Nov 02, 2010 8:44 pm

Segui con la mirada hasta que practicamente todo estuvo en su sitio, normalmente la aparicion de la Zarina causaba un gran revuelo y que todo se detuviese de algun modo, pero esta vez no habia ocurrido eso. Sino todo lo contrario, parecia que se hubiera activado un resorte y todo fuese mas rapido.

La peticion de la Zarina, me pillo por sorpresa y la expresion de mi rostro me delato. Podia haber experados muchas reacciones por su parte, todas ellas diferentes pero no precisamente esa. Para ciertas cosas que realmente admiraba o me gustaban me daba miedo ser la artifice de ellas o tener un contacto mas real por miedo a no hacerlo como se esperaba, sabia que en el fondo era una estupidez. Era un vestido, un vestido precioso si, pero un vestido a fin de cuentas.

De algun modo queria decir que no, pero sabia que no podia negarme. No solo porque era una orden formulada indirectamente, porque se consideraria una gran falta da respeto y todas esas cosas que se atribuian a una peticion asi. Ella sabia que siempre me habia gustado ese vestido en especial, no era la primera vez que me habia probado uno de sus vestidos pero esto era diferente. No sabia porque, pero intuia que en cierto modo era diferente. Sabia, que no lo hacia por hacer algo bueno, que siempre le habia gustado que nosotras pudieramos vestir a nuestro gusto y nos sintamos libres a la hora de ello. Aparte del claro de hecho de que era plenamente consciente de mi particular veneracion hacia aquel vestido en particular.

Ese detalle lo agradecia enormemente, ya que recientemente habia visto a las Damas de la reina de Inglaterra todas con el mismo vestido color veige. No es que el vestido me degradase sino que me hacia sentir como un objeto, como algo manipulable y sin personalidad cosa que nunca habia sentido como Dama de la Zarina. Nunca habia puesto ningun inconveniente ante el vestido que hubiera elegido ponerme ese dia.

Mire el vestido, mordiendome momentaneamente el labio. Debia decir que si, y en el fondo queria hacerlo, mas de una vez me habia imaginado con el y sin duda seria bonito guardar el recuerdo de verme con el puesto. Tome aire por ultima vez y levante de nuevo la vista, cogiendo el vestido que me tendia amablemente. Lo cogi con delicadeza, volviendo a sentir el peso y tacto que habia experimentado antes de colocarlo en su lugar en el armario.
-Gracias, Majestad.-dije sin poder evitarlo algo ruborizada.

Di un paso atras y fue cuando me asalto una duda bastante sustancial de la que antes no habia caido en la cuenta. Necesitaba ayuda de alguien para ponermelo.
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¿A esto le llaman frio? ¡Venga ya! {Anastasia Romanovna}
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