King and Court

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 Manos a la Obra ~

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AutorMensaje
Astrid Calabuig
Damas de la Reina
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Mensajes : 65
Fecha de inscripción : 01/11/2010

MensajeTema: Manos a la Obra ~   Mar Nov 02, 2010 10:01 pm

·ORDEN DE POSTEO:
1- Astrid.
2- Ekaterina.
3- Anastasia.
4- Marja.


--


Incluso después de dos años viviendo y sirviendo en el Palacio Real de Peterhof Astrid se encontraba feliz y contenta con su trabajo. Desde sus quince años que servía a la majestuosa Zarina Anastasia Romanovna, la cual admiraba bastante; Admiraba su forma de andar, la elegancia con la que hablaba y se movía, la fluidez verbal digna de una reina, su belleza, para Astrid su Señora era como una fuente de inspiración a seguir. Sus tareas no eran muy pesadas, estar con la reina, ordenar a los criados recoger la ropa limpia de su alteza y guardarla y doblarla en su sitio correspondiente. También debía de asegurarse de que todo estaba en orden y listo para la Zarina. No solo era su dama de compañía, sino que con los años habían entablado una cortés amistad llena de confianza, la Zarina Anastasia siempre le contaba todo a Astrid, o al menos casi todo pues de eso era algo de lo que la joven pelirroja no estaba del todo segura, aún así no le importaba pues confiaba en su Señora y si ella consideraba que había algo que era mejor desconocer ella no se enfadaría.

Era una temprana mañana de invierno, donde la fría brisa matutina recorría cada parte del castillo y sólo las habitaciones Reales, como las de los Reyes o el joven Príncipe, estaban bien equipadas de calefacción y unas cuantas capas de mantas en el lecho. Las habitaciones de las Damas de la Reina también estaban bien acomodadas, aunque Astrid sabía que nunca podría olvidar su blanda almohada ni su comodísimo y suave colchón, aún así dormía cada noche de un tirón y se levantaba bastante descansada. Esa mañana se vistió con un sencillo vestido azul y blanco, de media manga, y se dejó su largo cabello pelirrojo suelto, no tenía ganas de ponerse a pensar en qué peinado hacerse y luego tirarse media hora en hacerlo hasta que quedara perfecto, o al menos casi, ella no tenía muy buena mano para esas cosas por lo que siempre iba a lo práctico.
Salió de su dormitorio y se dirigió a paso despreocupado hacia los aposentos de su Señora la cual, con suerte, estaría ya despierta y podrían comenzar con las labores de un nuevo día que apenas unas horas acababa de dar comienzo. Por el camino comprobó que muchos otros criados ya hacían sus típicas labores, tanto si eran preparar el desayuno como si era llevar las sabanas a lavar. No tardó apenas unos cinco minutos en llegar a los aposentos de la Zarina. El Palacio era enorme, pero Astrid ya se había memorizado cada lugar, pasillo e incluso pasadizo, en sus ratos libres le gustaba merodear por él y perderse por el frondoso bosque que lo rodeaba, e incluso pasear por los jardines y admirar las bellas flores que crecían en él. Desde luego que éste era su lugar, había hecho bien en aceptar la propuesta Real de ser Doncella de la Reina Anastasia, había ganado mucho.

Al llegar frente a la gran puerta de madera, tocó un par de veces con los nudillos antes de adentrarse en la habitación murmurando un suave "Con permiso, mi Señora" y entró haciendo acto y presencia en los aposentos de su señora. Al parecer la Zarina aún se encontraba acostada por lo que avanzó con cautela y sin hacer mucho ruido, corrió las cortinas suavemente haciendo que la leve luz, sin avidez alguna, entrara poco a poco por la ventana inundando la habitación. No era molesta, más bien agradable o al menos eso pensaba la joven Doncella a la cual le encantaba este temporal invernal.

- Mi Señora... ¿Está despierta? -Le preguntó, suavemente, en un leve susurro, acercandose al lecho donde su Señora aparentemente aún dormitaba.
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Ekaterina Ivanovna
Damas de la Reina
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Mensajes : 102
Fecha de inscripción : 28/10/2010

MensajeTema: Re: Manos a la Obra ~   Mar Nov 02, 2010 10:22 pm

Aquella mañana no se diferenciaba en absoluto a los pasados y esperaba que no se diferneciera de los siguientes. Como todas las mañanas me habia levantado y todavia soñoliente me vestia observando detenidamente la imagen que presentaba ante el espejo. Bien, la vestimenta que presentara quedaba a mi eleccion pero la imagen debia de ser la misma, lo mas perfecta posible. Al ser invierno escogi un vestido de tejido algo mas grueso pero no lo suficiente como para pasar calor en el interior. Algo mas despejada me fui recogiendo el pelo hasta quedar cada pelo perfectamente en su sitio formando un bonito pero sencillo recogido hecho a base de trenzas.

Ya que mi alcoba se encontraba junto a la de la Zarina, un honor que tenia por ser su primera dama, no tuve porque salir a los pasillos exteriores para entrar en la estancia principal la cual todavia estaba en penunbra. Me acerque ligeramente al lecho de la Zarina, la cual todavia dormida. Normal, la velada de la pasada noche habia sido larga, tuve suerte en poder retirarme algo mas pronto que esta finalizase. Me dirigi hacia la puerta que daba al pasillo y tras mirar una ulitma vez sali de alli. Queria ir a recoger el manto de Su Majestad que me habia dado cuenta que habia quedado olvidado en una de las muchas estancias de palacio.

Cuando volvi a entrar, de la misma forma sigilosa de la que habia salido me encontre con las cortinas ligeramente descorridas y a Astrid ya levantada. Cerre la puerte generando solamente un pequeño ruido y tras dejar la capa sobre una de las sillas, fui a donde se encontraba Astrid. Todavia sin decir nada, por si todavia la Zarina no estaba despierta, le coloque una mano sobre el hombro y le dedique una agradable sonrisa
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Anastasia Romanovna
Zarina/Admin
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Mensajes : 122
Fecha de inscripción : 27/10/2010
Localización : Junto a él, siempre.

MensajeTema: Re: Manos a la Obra ~   Miér Nov 03, 2010 6:12 pm

Sueños. Los sueños eran lo más agradable posible para la rubia Zarina de Rusia. Desde muy pequeña, la mujer había aprendido que si de verdad deseaba soñar con algo en concreto, ese algo debía ser pensado durante mucho tiempo antes de acostarse en el lecho. Anastasia había practicado mucho esa habilidad, la de soñar con lo que ella quería, y hoy en día mostraba esa cualidad como ninguna otra. En la realidad, ella era presa de una sociedad oscura donde tan solo podía permanecer al márgen. Alejada de todo lo que no fuese intervenir en los asuntos reales. En sus sueños, sin embargo, ella era la protagonista de la historia. Se imaginaba libre, dueña de sus propias decisiones, encargada de decidir qué era lo que deseaba para su futuro. Ella manejaba su vida. Nadie a su alrededor estaba para intentar persuadirla de lo que debía o no hacer. Un acto que, realmente, odiaba.

Los correteos por la habitación consiguieron desvelar a la rubia mujer de su letargo sueño. Sus ojos se entreabrieron ligeramente y su mirada se posó en un punto fijo de su cama. Su mano se movió, delicadamente, hacia uno de los lados; y por un momento, su propio colchón le hizo pensar que Ivan se encontraba a su lado. ¿Realmente?, lo hubiese deseado. Hacía tiempo que el Rey no visitaba sus aposentos y todo por culpa del trabajo acarriado que éste presentaba. O al menos eso era lo que ella deseaba creer. Un pequeño suspiro se escapó de entre sus sonrosados labios y de nuevo, su mirada se posó esta vez en su blanquecina mano. Esa que agarraba el colchón como si fuese una persona importante a la cual aferrarse. Él. A quien amaba y quería después de todo.
Sus ojos volvieron a cerrarse, unos instantes de nuevo, antes de escuchar unos pequeños susurros a sus espaldas. ¿Cómo no?, se trataba de ellas. Sus damas, aquellas jovencitas a las que tanto adoraba y tenía por hermanas pequeñas. Quizás incluso hijas. Amaba escucharlas cada mañana, adoraba sentir su presencia a cada minuto. Las únicas que jamás la abandonarían. Lo sabía.

Su cuerpo, comenzó a moverse hacia uno de los lados y, finalmente, se giró de manera que quedó completamente en frente de las dos jovenzuelas. La luz que golpeaba la ventana cruzaba y le dañaba los ojos, haciendo que tuviese que medio cerrarlos, pero eso no le impidió hablar. Nada lo hacía, a decir verdad.
- Estoy despierta, Astrid -contestó la mujer al reconocer la voz de una de sus sirvientas. Seguidamente, cuando logró recobrar su visión, pudo comprobar que Ekaterina también se encontraba allí con aquella tan flamante sonrisa que tanto la caracterizaba.
- ¿Ya es de día...?, qué rápido han pasado las horas de sueño -confesó la mujer a la misma que se incorporaba, esperando a que alguna de las dos jovencitas le tendiese alguno de sus ropajes. Necesitaba taparse, tenía frío.
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MensajeTema: Re: Manos a la Obra ~   

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Manos a la Obra ~
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